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viernes, 18 de noviembre de 2011

ELECCIONES (I). DIFERENCIAS

A pesar de que tengo pendiente contar acerca del fin de semana que pasamos en Seúl, dada la importante cita electoral que se vivirá en España en un par de días, voy a hablar un poco del tema.

Cuando estás en las quimbambas, como un servidor, y llega el momento, las cosas cambian a como se venían haciendo normalmente. Ya en las pasadas elecciones generales no voté, porque estaba viviendo en Chile en aquél momento y no llegué a inscribirme en el registro consular (mal hecho, aunque no solo por votar o no votar).

Fue entonces cuando me enteré del diferente concepto de sufragio que se tiene en España y en Chile (y otros países de Latinoamérica). En España votar es un derecho, pero nunca un deber (a no ser que sea "moral"). Esto es, debes estar atento a que tu inscripción en el censo electoral sea correcta, pero si luego decides no ir a votar no pasa nada.

En cambio, en Chile (y otros países más), la solicitud para ejercer el derecho al sufragio (inscripción en el censo) implica (o implicaba cuando vivía yo allí) el deber de ejercer el derecho (no hacerlo constituía un delito, creo). Esto es, o votas en todas las elecciones o no votas en ninguna. Esto es una putada desde el punto de vista de los españoles, cuyo nivel de abstención depende de si las elecciones son municipales, autonómicas, generales o europeas (en esas solo deben votar los familiares de los candidatos, dados los niveles de abstención que tenemos). Cuando además se tiene en cuenta que en Sudamérica no son raras las elecciones a varias vueltas, te das cuenta de que estar apuntado al censo puede no ser conveniente para ciertas personas. Por ejemplo yo tenía muchos compañeros que vivían en Santiago, pero que eras de partes muy remotas del país, y consideraban inconveniente tener que votar, porque les ligaba a tener que estar en una zona concreta en un momento concreto.

La consecuencia de ésto era la baja participación, sobre todo de los jóvenes, en temas electorales. Lo que ocurre es que esa baja participación no se refleja en términos de abstención, como en España, porque esa gente no está inscrita en el censo.

Otra diferencia, por supuesto, es que en las democracias americanas hay unas elecciones presidenciales y en España no. En España el presidente del gobierno es elegido por el parlamento (aunque lo normal es que sea el cabeza de lista de la agrupación con más escaños, podría llegar a no ser así).

En cuanto al sistema japonés, a pesar de haber acompañado a mi mujer a votar en algunas elecciones (en el enlace hay alguna curiosidad más), y a haber mirado un poquito por ahí, no soy ningún experto. Espero no decir ninguna barbaridad. En Japón hay dos cámaras, igual que en España. Al igual que en España, al presidente del gobierno o primer ministro lo elige la "camara baja" (en Japón, la camara de representantes). El número de parlamentarios es diferente (350 en España, 500 en Japón) y el método de elección también es diferente. En España se vota una lista de un partido, y en Japón se votan 200 representantes de modo nominal y 300 por medio de un sistema de representación proporcional (similar al nuestro, supongo). Tanto en Españ como en Japón se hace la elección por 4 años, a no ser que se disuelva antes el parlamento.

Las respectivas cámaras altas son algo más parecidas. Para empezar, el número de miembros es más similar (ahora hay unos 260 senadores en España, 252 consejeros en Japón). En España el Senado se elige una parte en las elecciones y otra por las cámaras autonómicas en función de tantos senadores por provincia más una variable en función de la población. En Japón, la cámara de los consejeros también se forma en dos partes, una parte mediante circunscripciones y otra mediante una circunscripción única mediante un sistema proporcional.

Hala, mañana cuento alguna cosa más si os portáis bien, ¿ok?

viernes, 6 de agosto de 2010

HIROSHIMA 65 ANIVERSARIO

Hoy es el 65 aniversario de la utilización de la primera bomba atómica (pruebas aparte). Todos los años se llevan a cabo en Hiroshima los actos de recuerdo a las víctimas de dicho ataque, que fueron superiores a las 70.000 de manera inmediata, y entre 90.000 y 140.000 si se incluyen fallecimientos posteriores debidos a quemaduras, muertes relacionadas con la radiación, y efectos agravados por la falta de recursos médicos. Otras fuentes elevan la cifra a 200.00 víctimas.


Este año ha sido el primero (ya les vale después de 65 años) al que han acudido representantes de las fuerzas aliadas: EEUU (a través del embajador americano en Tokio), Francia e Inglaterra.

En mi primera visita a Japón, hace ya cinco años, y más o menos por estas fechas, visité Hiroshima, una ciudad moderna (a la fuerza ahorcan) construida alrededor del parque de la paz, que recuerda permanentemente a sus muertos, y que habréis visto hoy sin duda en el telediario o mañana en los periódicos. En el centro de dicho parque está el museo de la paz, el cual recomiendo encarecidamente visitar, aunque no creo que yo lo haga otra vez, debido a la dureza de la experiencia.

Para empezar, el museo proporciona audioguías en perfecto español de España. Hoy día me desenvuelvo en inglés mejor que entonces, pero aún así escuchar las explicaciones en tu lengua materna es de agradecer. Si conocéis estas guías, sabréis que proporcionan la información asociada al elemento de la exposicición que estás viendo. En el primero, una simple pantalla de televisión con imágenes del bombardeo, y con el único acompañamiento sonoro de las palabras de la audioguía, a mi ya me caían dos lagrimones por las mejillas, grandes como dos garbanzos. Era una tristeza difícil de explicar, con un nudo en el estómago pero sin sollozo: estaba tranquilo pero a la vez infinitamente triste. No me considero ni demasiado duro, ni demasiado fácil de conmover; a veces lloro viendo películas o cosas así, pero tampoco demasiado a menudo. Y aquéllo, además, fue diferente. No me ha pasado nunca antes, ni después.

Todavía no había visto nada. El museo tiene cantidad de cosas que enseñar, y muchas de ellas se pueden tocar incluso. Comentaré aquí la maqueta de Hirosima destruida, las vigas de acero (pertenecientes a puentes) dobladas por efecto de la onda expansiva, las botellas de leche de cristal, en su cestillo metálico, fundidas y vueltas al estado sólido, las tejas de las casas sobre las que se nota qué parte estaba cubierta por otra teja y qué parte estaba al aire (como con burbujitas debido al intenso poder calorífico de la bomba), las "uñas" que crecía desde la mitad de las uñas de los afectados por la radiación, negras como percebes, o los cristales que extrajeron del interior de gente que, de repente, comenzaba a sentirse mal hasta 20 o 30 años después de la explosión.

No he estado en el museo del Holocausto, ni en Nagasaki, ni en los museos conmemorativos de otras hazañas macabras de la humanidad. Supongo que me sentiría igual de mal que en éste.

Por otro lado mi posicionamiento en favor o en contra del lanzamiento de las bombas (como tal) se mantiene indefinido. Hoy día resulta muy fácil posicionarse, decir que las guerras son "malas" y las armas nucleares también lo son. Me adhiero a ese juicio, por supuesto, pero teniendo en cuenta el contexto histórico, después de una guerra de cuatro años (para los americanos), de las pérdidas estimadas en caso de una conquista de Japón vía convencional, del vencer o morir de los japoneses de la época (qué diferencia con los actuales), del sentimiento americano como potencia atacada sin declaración de guerra previa (en Pearl Harbour)... y las más prosaicas de la inversión realizada en las bombas o la voluntad de impedir una invasión conjunta junto con Rusia (que después de la rendición de Alemania volvía la cara a la guerra del Pacífico)... las cosas cambian. Es difícil pensar en otra opción por parte del presidente de EEUU.

En cualquier caso es mejor que no suceda de nuevo, mejor que visitemos museos como el de Hiroshima (y que lo hagan también presidentes y mandatarios) para ser plenamente conscientes de las consecuencias, y abortemos estas situaciones mucho antes de que sucedan, y no el día anterior, que desde ya pienso que es imposible.

Por cierto, que casi me olvido: muy bueno el artículo de la wikipedia referente al tema.

lunes, 31 de agosto de 2009

ELECCIONES EN JAPÓN

No se si ha llegado mucho a España el tema de las elecciones en Japón. Ayer estuve acompañando a votar a mi señora, y hay algunas cosas que comentar al respecto.

Lo primero de todo, los resultados. Se sabía que iba a haber un vuelco electoral, pero para lo que ha habido eso es quedarse corto. Los japoneses son muy reticentes al cambio. Como ejemplo los resultados electorales hasta ayer mismo: El Partido Liberal Democrático (PLD) ha estado gobernando en Japón durante 55 años de forma prácticamente ininterrumpida. La excepción es un periodo de 11 meses en los años 93 y 94. Han hecho falta 20 años de crisis económica (desde el estallido de la burbuja inmobiliaria a primeros de los 90) para que se produzca este cambio.

Lo que sucede es que el cambio ha sido de los gordos: con datos por confirmar, de un total de 480 escaños en la Dieta (cámara baja), el PLD pasa de 303 a 119. Mientras, el Partido Demócrata de Japón (PDJ), que lidera Yukio Hatoyama, ha pasado de 112 a 308.

Las cosas que preocupan a la gente son el elevado gasto público y su eficiencia, la elevada deuda (casi el doble de su multimillonario PIB), la reforma educativa que ha llevado a cabo el partido hasta ahora en el poder, el descenso de la natalidad y el consiguiente envejecimiento de la población.

Otros temas incluidos en el programa de estos señores que han ganado ahora son el cambio de las relaciones con otros países asiáticos (acercamiento) Estados Unidos (pasar de subordinado a socio) y la reforma de la Constitución para poder tener un ejército como tal (la Constitución actual, impuesta por EEUU después de la II Guerra Mundial, lo prohibe, aunque ejército si que hay, dependiente de la policía). Veremos en qué quedan estas cosas en el futuro próximo.

Como anécdotas de la votación, las siguientes:

1.- Los japoneses no se identifican para votar. Vienen con una papeleta del censo (sin foto) y son preguntados por su fecha de nacimiento para contrastar que son ellos.

2.- Una vez identificado te dan las papeletas para votar, que fueron tres (en el caso de ayer). No hay una papeleta por partido, sino que se ESCRIBE en la misma. Por poder, se podría votar a Shinchan, Doraimon o a Mazinger Z.

3.- Las urnas son metálicas. En ellas deposita el voto el votante, no el responsable de la mesa electoral.

4.- En las elecciones de ayer se votó al Parlamento, y a una especie de representante local.

5.- Además, en otra papeleta marcas si quieres que no permanezca alguno de los componentes de la Corte Suprema de Justicia. Ni mi mujer, ni por supuesto yo mismo, sabemos bien cómo funciona ésto, cuántos votos negativos se requieren para quitar a uno de ellos o si se quita a un número determinado en cada una de las elecciones.

Hay que tener en cuenta que, en Japón, la Democracia es algo impuesto, no se luchó por ella, y la población vive un poco de espaldas a ella (como si les diese igual, vamos). Parece que el cambio que estamos viendo (y, en mi caso, viviendo) puede representar también un cambio en esa manera de pensar.

El caso es que hay bastantes diferencias con el voto en España, siendo fundamentalmente lo mismo. Ahora, al partido en el poder le tocará ponerse las pilas. Si en el plazo que hay hasta la elección de la Cámara Alta no se ven mejoras, es posible que se les vuelva la tortilla, y la Cámara Alta debe aprobar las leyes propuestas desde la Baja. Ese es uno de los problemas que ha tenido el gobierno actual los últimos dos años.