El pueblo de Okinawa pasó de ser dominado por los japoneses a ser dominado por los americanos (que no devolvieron Okinawa a Japón hasta 1972). En el pensamiento colectivo de la población mundial se suele tener muy presentes a los fallecidos en los mencionados bombardeos nucleares, pero en Okinawa murieron más de medio millón de personas; parece que cuando eres rockero importa que mueras joven, y cuando eres víctima de una guerra, que lo seas por una bomba nuclear. La muerte por armas "convencionales" no tiene tanto caché.
En cualquier caso en Okinawa se puede visitar un museo dedicado a la batalla de Okinawa y a sus víctimas. Uno de esos museos necesarios para que no volvamos a cometer los mismos errores una y otra vez, como seguimos haciendo.

En el recibidor del museo hay una ventana sobre unas ruinas en las que se pueden ver proyectiles de artillería de diferentes calibres caídos en la isla.

La exposición relata las desgracias del pueblo de Okinawa, su explotación por parte de los japoneses, la obligación a renunciar a su dialecto, incluso a sus nombres (japonesizándolos) o su reclutación forzosa para construir aeródromos u otras obras.
En la parte exterior hay un conjunto de lapidas en el que están escritos los nombres de los caídos de ambos bandos.

El numero de lápidas es muy alto, porque había que escribir mucho.

Y eso que en cada una de ellas caben bastantes nombres.

El entorno es espectacular, pero este tipo de museos te deja una sensación de melancolia en el cuerpo que tarda en marcharse. Por un lado, claro, por el pensamiento sobre las víctimas de esta batalla. Y por otro, por el pensamiento sobre otras víctimas (como las de nuestra Guerra Civil, a las que nadie ha recogido en un memorial, uniendo a los caídos por ambos bandos.

1 comentario:
Verdaderamente fue un buen el viaje , precioso .
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