miércoles, 17 de junio de 2009

BODA SHINTO - PRESENTACIÓN

Voy a intentar contar un poco como fue mi boda, a pesar de que han pasado ya unas semanas. Intentaré hacerlo por orden cronológico e ilustrarlo un poquillo, a ver qué tal me sale. Por el volumen lo dividiré en varias entradas.

El día comienza temprano. Creo recordar que salimos de casa a eso de las ocho de la mañana. Objetivo, Kioto. Allí tomamos un taxi que nos deja en la "peluquería" donde nos cambiaríamos para la boda. Entrecomillo lo de peluquería porque es un sitio totalmente tradicional japonés, con suelo de tatami, puertas correderas de madera y papel y jardín con linterna de piedra y todo. Las fotos que colgué en un post anterior se tomaron en este sitio. Pero ahí van de nuevo:



El traje masculino es muy rápido de poner. Consta de una yukata (una bata muy fina) sobre la que se viste el kimono, que tiene tres piezas. La que cubre las piernas, la parte de arriba y una especie de chaquetilla de nuevo por encima. Muy cómodo, eso si.


En los pies (de la novia y del novio) se llevan los tabi: son una especie de calcetines (aunque no son elásticos) que se abrochan con unas presillas que llevan en los talones. Separan el dedo gordo del resto, para poder vestir cómodamente las sandalias tradicionales. La ropa interior y los tabi son comprados por nosotros. Todo lo demás, de alquiler. Estos tabi no eran los míos, pero valen para ilustrar el concepto.


Poner el kimono de boda femenino es casi una obra de ingeniería: consiste en capas y más capas de ropa, protecciones, relleno para disimular curvas (no son estéticas, vaya usted a saber por qué), la peluca, el maquillaje, cinturones, etcétera). Una vez conseguida la tarea nos podemos hacer unas fotillos más (que todavía no me ha dado el kamera-san), pero parecidas a las que he puesto más arriba.

La novia lleva una peluca, ya que hacer el peinado tradicional con el pelo de la novia llevaría demasiadas horas. Es como una especie de "casco", bastante pesada, y compromete mucho el equilibrio de la novia (calzada además con sandalias) y, por tanto, sus movimientos.

Para dirigirnos al templo nada más apropiado que un taxi, pero no podía ser uno normal. La peluca de la novia eleva bastante su estatura, y se hace difícil entrar en un coche sin golpearla. La solución (al no tener papamóvil), es un coche en el que puede abrirse una puertecilla en el techo que se cierra una vez la novia se ha sentado. En la foto siguiente se puede aprciar dicha puertecilla, cómo cubren la rueda para no manchar el kimono, y cómo la persona de la tienda de alquiler de kimonos está pendiente para que no falle ni un detalle en los trajes de los novios (algo así me hubiera hecho falta en España).


Tanto los santuarios sintoístas como los templos budistas pueden ir de lo más simple a lo más complejo. Hasta ahí nada diferente de las iglesias españolas. Una de las diferencias es que, cuando el templo o santuario es grande, los edificios se multiplican. Puede haber muchos edificios diferentes dentro del recinto. Por ejemplo pagodas, pabellones, etcétera. Sin contar la tienda de souvenirs, claro.

Una vez en el santuario se recibe a la familia y amigos en una especie de pabellón. Aquí se hacen algunas fotos, y se ofrece un te y un bollito a los invitados (a mi no me dió tiempo ni a probarlo).

Además, una de las asistentes del templo te recuerda (traducción imprescindible de la novia) cómo va la ceremonia: cuando hay que hablar, beber, hacia qué lado hay que andar, etcétera. La foto siguiente, aunque no muy buena, recoge este momento:

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esperamos, ávidos, la próxima entrada.

Juan Carlos dijo...

Muy bueno. Como ya han dicho antes esperamos que continue pronto