lunes, 15 de junio de 2009

HOMENAJE AL JAMÓN

De resultas de la visita del "Escuadrón Ninja", me hice con varios paquetes de jamón envasados al vacío. Tenía previsto estirarlos un poco más, hasta que la morriña se hiciera inaguantable o hasta que hiciéramos una visita a mis suegros y hubiese que cumplir de aquélla manera.

Entonces, hablando con otros amigos por Skype, me dicen que aunque esté al vacío que no me confíe, que a ellos alguna vez se les había estropeado alguno por estar mucho tiempo sin comérselo. Aquí se me disparan las alarmas, y me digo: - "mañana, jamón" -.

Bueno, pues manos a la obra. Enfrente de la estación me he comprado una barra de pan como Dios manda. En Japón la panadería y repostería de Kobe tiene fama, pero aún así no es fácil encontrar pan que cruja, como a nosotros nos gusta. Ésta barra era un 10 en la escala japonesa (equivalente a un 8 u 8.5 en la española). No estaba mal para ir empezando.

Ya en casa he sacado uno de los paquetes de jamón de la nevera, y lo he dejado atemperarse un rato, para disfrutarlo "pleno de aroma y sabor". Una vez ha cogido la temperatura ambiente me he dado cuenta de dos cosas:

1.- Soltaba grasita de lo lindo. Puede que el tema del vacío haya ayudado un poco a esto.

2.- La cata inicial me ha indicado que estaba un poco subidito de sabor (un poco salado, vamos).

No hay problema. EL primer inconveniente lo he resuelto poniéndo el jamón en pan, en lo que los expertos denominan "bocata de jamón" (dos, para más señas). El segundo, que no menor, ha tenido solución mediante la inclusión en los susodichos de rodajas de tomate (del cual ignoro la procedencia). Al conjunto le ha sido añadido un chorreoncito de aceite de oliva virgen (italiano, lo siento, español no consigo encontrar). Sin exagerar, que el jamón ya he dicho que tenía sustancia.

El resultado ha sido UN BOCATA ESPECTACULAR, en su categoría de "PA QUÉ LAS PRISAS". Vamos, que me lo he comido de pie y todo, cambiando el peso de uno a otro, como hubiera hecho en cualquier bar, tasca o mesón de España. Le tiraba unos bocaos que parecía un obrero en día de destajo. Para evitar añusgamientos debido al ansia animal con la que le he dado matarile, lo he acompañado de una lata de cerveza bien fresquita (japonesa, Kirin para más señas, que no desmerece a las cervezas españolas). No hace falta comentar que el maridaje cerveza - bocata de jamón es de los mejor avenidos del planeta, reconocido por los grandes filósofos griegos en la frase "el bocata de jamón, con lo que pasa bien es con cerveza".

En fin, gracias al escuadrón por regalarme este momento, y disculpas a los lectores del blog si, debido a las lágrimas que me enturbian la vista, se ha escapado algún acento o falta de ortografía. Pero es que, como diría el gran Oscar Nebreda, dan ganas de salir a la escalera al grito de ¡¡DIOS, QUÉ JAMÓN!!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No te preocupes por el aceite, que aunque ponga italiano, seguro que está elaborado en España. (aquí se elabora y ellos lo envasan y lo venden)

Juan Carlos dijo...

Podemos imaginarnos el grado de satisfaccion alcanzado en la experiencia. Te falto, junto con la imagen de la lagrima, la de esa mencionada "grasilla" en la comisura de la boca.
A la familia , poca chicha, no sea que se te acostumbren mal y luego te culpen de haber engordado en exceso con los manjares occidentales.